miércoles, 2 de febrero de 2011

10.- Pequeña Epona.

La pequeña Epona sintió un tenue escalofrío...¿qué significaba?
Tenía la sensación de que un alma necesitaba ser liberada, pero nunca había sentido algo así... No era un alma cualquiera la elegida...El alma de su propio hermano, carne de su carne, sangre de su sangre, maldición de su maldición, necesitaba ser liberada con urgencia.
Epona dejó lo que estaba haciendo, agarró de una pierna a su muñeca y emprendió el largo camino hacia la Montaña del Viento. Los ojos de la pequeña diablesa brillaban de admiración...numerosas luciérnagas iluminaban el camino, las hadas jugaban y revoloteaban a su alrededor y el agradable olor a jazmín inundaba una preciosa noche iluminada por una enorme luna llena. Parecía, que después de todo, el mundo era un sitio mejor sin Cámulos. Pero ella no le permitiría sufrir eternamente, era su obligación como hermana liberarlo. Tan ensimismada se encontraba, que no se planteó el porqué un demonio había sido asesinado, ni quién poseía el poder suficiente para realizar semejante osadía...
No tardó demasiado en llegar donde se encontraban los numerosos restos de su hermano... Una enorme tristeza inundó su corazón al ver sus pedazos esparcidos..¿cómo alguien le haría eso a su hermano? Allí estaba ella, sólo tenía que tocar uno de los trozos y todo habría terminado...
Pero no se percató de que no se encontraba sóla, un viento helado la golpeó por detrás haciendo que su muñeca y ella misma cayeran al suelo. La tierra tembló y un muro de piedra se dirigía a ella para golpearla, pero con solo una mano sujetó el muro que lanzaría lejos de ella... Ante la mirada atónita de la pequeña diablesa se mostraban los dioses gemelos. No iban a permitir que liberase el alma del demonio.
Dejo caer la muñeca y las lágrimas brotaron de sus lastimeros ojos negros, al percatarse de que su fin estaba próximo...
Delante de ella estaba Sylphos, Dios del viento, y detrás, Terrean, la Diosa de la tierra. Tendría posibilidades de sobrevivir si sólo se enfrentase contra un Dios, pero contra dos, estaba perdida...Ambos corrían hacia ella, matarían a cualquiera que se pusiese en su camino y ella no era una excepción... Justo en el momento en que ambos la iban a golpear, algo inesperado ocurrió... Marina, antigüa Diosa del Mar, y Clara, Diosa de la Creación golpearon a Terrean y Sylphos que calleron sin sentido a ambos lados de Epona.
Las miradas de Clara y Marina se cruzaron con desprecio. Nunca, jamás, olvidarían el daño que se hicieron la una a la otra.
Epona, secó sus lágrima y sin decir ni una palabra, levantó su graciosa muñeca del suelo, le sacudió el polvo, y liberó a su malvado hermano de su sufrimiento, dando un besito a uno de los pedazos que llacían en el suelo. 
Marina arropó a la pequeña con su capa y volviendo a mirar con desprecio a su madre, desaparecieron de allí.
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