domingo, 31 de octubre de 2010

1.- Encuentro con la diosa.

Acercaos hijos míos, os veo impacientes por terminar lo que, lo más probable, es mera cuestión de tiempo que culmine. Acercaos antes a la hoguera, estáis empapados hasta los huesos, por esa tormenta que se me ha caido sobre vosotros, aunque no era mi intención, por supuesto, ¿o quizá sí?
Callad y aprended, pues es mi última oportunidad para enseñaros, mis pequeños vasallos, cuál es vuestro origen, pues creo que desde que nacistéis hasta ahora, habéis olvidado  incluso lo que tenéis delante de vuestras mismisimas narices.

Mi nombre es Eva, ancestralmente conocida por ser la diosa de la felicidad, y no, no os levantéis aún , no me apetece tener que arrancaros las piernas para que me prestéis atención. Vuestros chillidos impedirían que escuchaséis lo que tengo que contaros, así que portaos bien...
Empecemos por el principio, soy la hija menor y consentida de todo un olimpo de dioses, que sinceramente desconozco si continúan existiendo, y sinceramente poco me importa la verdad.
Pero quizá debería remontarme a tiempos aún más antiguos ¿no creéis?

Pues bien, al principio no existía nada, o quizá debería decir que existía todo. No es una cuestión fácil de comprender. A veces se me olvida que trato con primitivos seres humanos, disculpadme.
Seré más sencilla, existían  dos grandes poderes, una energía que era capaz de crearlo todo y su antagonista capaz de destruir cualquier cosa que se crease. Eran los dos dioses primigenios Clara y Kaín.
Kaín, era poseedor de un poder tan oscuro que en su mitad del universo no existía ningún tipo de luz. Por su parte Clara, poseía un poder tan luminoso que en su mitad del universo no podía existir la vida, pues su exceso de calor, no lo permitía.
Pero, como incluso vuestra primitiva raza conoce, los polos opuestos se atraen, sobre todo si no existe otra cosa ¿no creéis igual?
El caso, es que Kaín y Clara acabaron enamorándose. De modo que Kaín permitió que Clara, en la zona de intersección entre sus dos mitades del universo crease la vida, una pequeña esfera llena de potencial, a la que llamaron la Tierra.
Clara creo los espíritus de los elementos: aire, tierra, agua y fuego y los lanzó sobre la Tierra. Pronto se dio cuenta de que controlarlos no era una tarea fácil sin destruir todo el trabajo realizado.
Del fruto del amor entre Kaín y Clara nacieron cinco pequeños dioses:
La mayor, Marina, y la más bella, sin duda, se encargaría del espíritu del agua. Los mellizos Terrean y Silphos, se acabarían encargando de los espíritus de la tierra y el viento, respectivamente. Ferrum, se encargaría del espíritu más bélico, el fuego. Quedando yo, la más pequeña  sin espíritu al que dominar. Mi única función era hacer el camino más llevadero tanto a los inmortales, como a los mortales que estarían por venir. Pero claro que esa ya es otra historia, podéis marchad si así lo deseais. Volved mañana y continuaré con mi explicación, no me hagáis ir a buscaros, os lo recomiendo...

6 comentarios:

  1. vaya que interesante... me gusta

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  2. Me gusta esta faceta tuya.
    Espero que la historia continúe y que disfrutes y te ilusiones en el proceso.
    Enhorabuena, lobo creativo!

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  3. Que bonitooo!! Me gusta mucho ^^ ya me has enganchado a la historia ^^
    Besosss escritor!

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  4. Muchas gracias arabela, primor muxos besicos y a ver si te vemos ya por aqui.

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  5. Estas historias crean adicción...bonito tu bloc, gracias por comentar..besos

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