jueves, 2 de diciembre de 2010

4.- Causa - efecto

  ¡Bienvenidos pequeños hijos de la destrucción! ¿deseáis acaso que continúe con mi relato? Bueno, mi sentido en la vida es complaceros ¿no?

  El dios Kaín, no solo era el Dios de la destrucción, también era el Dios de todos aquellos sentimientos que causaran ese efecto: la envidia, el miedo, el desamor... pero de todos estos sentimientos ninguno más pasional y destructivo que la lujuria en sí. Él sabía muy bien como convencer a su hija primogénita para conseguir su propósito, la niña de sus ojos nunca vió a su padre como tal. Quizá fruto de la más pura admiración Marina, siempre estuvo embelesada por su padre. Ese era el punto débil de Marina, la tercera en poder en el Olimpo... aunque no por mucho tiempo.
Marina fue seducida por su propio padre,  disfrutó de un romance que lógicamente terminó cuando éste consiguió su propósito: el espíritu del agua, o más bien lo que quedaba de él.

Ninguno de los hermanos, mucho menos yo, nos percatamos de nada de lo que ocurrido entre Kaín y Marina. Sólo recordamos que en ese epoca llovía mucho. Torrentes de agua bañaban el mundo, todo ello  acompañado de un notable incremento en el poder elfico frente al del resto de las especies. Quizá debido al voluble estado en el que se encontraba la Diosa del mar. Marina fue embarazada...

Poco tardaría la diosa Clara, Diosa de la creación y madre de Marina, en descubrir semejante sacrilegio incestuoso. Enfurecida desterró a Marina del Olimpo y le arrebató el espíritu del agua. El espiritu acuático ahora tendría una nueva Diosa... yo misma...
Clara pensó que era estúpido que los seres vivos fuesen felices si ni siquiera ella, la Diosa Madre, lo era. No obstante, me permitió proseguir con mi tarea de amenizar el paso por la vida a las especies, siempre y cuando mantuviese controlado al espíritu del agua, el más impredecible y caprichoso de todos los espíritus.

  Bueno que puedo decir, no le llegaba ni a la suela de los zapatos a Marina controlando al agua. Era de esperar, no fui creada para ello. Me costaba que el agua fluyese en ciertas zonas y se formaron desiertos, en otras zonas se acumulaba y creaba oceános, mares y lagos.
Pero bueno, no quedó tan mal la cosa ¿no? Podría decirse que decoré el mundo...

  Ya está bien por hoy pequeños, el próximo día os contaré más. =)

3 comentarios:

  1. Maravilloso relato... por ahora es mi favorito.
    Gracias por compartir tu imaginación.

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