miércoles, 26 de enero de 2011

9.- A la caza del demonio.

Ese día apenas vi a los gemelos. Siempre he guardado un sentimiento especial hacia ellos. Si os soy totalmente sincera, siempre me dio un poco de envidia la poderosa unión que había entre ambos. Eran terriblemente parecidos en aspecto físico, lo que contrastaba con sus dispares personalidades. Terrean  tranquilona y apacible, su timidez contrastaba con su hermano Sylphos, mucho más extrovertido y en pocas palabras era la pimienta del Olimpo. Incluso Padre, en ocasiones, no podía evitar reirse con sus travesuras.

Era un día maravilloso, lucía el Sol, y corría una suave brisa que pasaba por mi pelo provocandome escalofríos. Un olor a jazmín y a flor de cerezo lo inundaba todo y de fondo se oía el murmullo de un riachuelo correr. En las montañas del viento, los nephelims se encontraban en continuo movimiento, para evitar destrucciones a gran escala a manos de Camulos. Mi atención se centraba  en una pequeña familia, un abnegado padre arrastraba a lo largo de la colina a sus dos pequeñas, bastante pesadas e irritantes desde mi punto de vista. Hasta el punto que un atisbo de enfado se marcó en su rostro...
En ese momento el padre mutó. Cuernos....alas...rabo... y Cámulos había entrado en escena. Justo a tiempo de satisfacer sus perversas necesidades con las dos irritantes criaturas, que lloraban y pedían clemencia, a lo que el perverso respondía con un lascivo gesto, que me repugno incluso a mi.
Nunca había atacado a nadie, pero no tenía pensado permitir que hiciese lo que quisiera con esas niñas. ¡No lo consentiría! Así que me apresuré a socorrerlas...
Cámulos lo tenía fácil, estiro su mano, y acarició la mejilla de una de las niñas, cual fue mi sorpresa, cuando un puñal de piedra le arranco media rostro.
Senti la tierra temblar y viento rugir, la brisa se tornó huracanada y polvorienta y entonces lo vi. Vi el miedo en la cara de un demonio. Las dos pequeñas gritaron algo en un tono que nada les correspondería a unas niñas y se convertieron en Sylphos y Terrean.
Con un gesto de sus manos Terrean levantó muros de piedra maciza que golpearon a Cámulos, pero éste no tendría todo su poder para defenderse atrapado en el cuerpo de un nephelim, asi que solo le quedaba gritar y maldecir de dolor.
Fueron varias las horas durante las que Sylphos y Terrean torturaron al demonio. Y yo disfrute viéndolo , puestos a confesar. Cámulos calló al suelo con la boca abierta y sanguinolenta. Temblaba de miedo, patética visión de un ente habitante del mismísimo infierno... Y entonces ocurrió. Sylphos introdujo una de sus manos en las fauces del demonio e hizó al viento rugir en su interior ¡fué repugnante! El demonio rebentó en mil pedazos manchando el pulcro suelo del monte del viento...

Esto no quedaría así. Siento temor al pensar en las consecuencias que acarrerían semejantes actos...

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